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Cirugía Ortognática

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Todos los tipos de maloclusión se pueden corregir a través de un tratamiento de ortodoncia debidamente planificado.

Sobre todo cuando el paciente aun no ha terminado su desarrollo (normalmente, alrededor de los 11 o 12 años), es posible modificar el tamaño y posición de los huesos en los casos que sea necesario.

Sin embargo, en la adultez, ya no resulta posible realizar estos cambios en la estructura ósea de la cara.

Esto significa que si una persona presenta un problema de mordida cuyo origen no está únicamente en la posición de los dientes, sino en sus huesos dentales, no es posible corregirla mediante la ortodoncia.

Para solucionar este tipo de problemas está indicada la realización de la cirugía ortognática, una técnica a través de la que el cirujano, siguiendo la planificación de un ortodoncista, modifica la posición y tamaño de los huesos.

Con esta operación quirúrgica se solventan diversas maloclusiones: clase II, clase III, asimetrías, mordida cruzada o mordida abierta.

La cirugía ortognática, por tanto, va dirigida a los pacientes que necesitan corregir los defectos severos en sus huesos faciales que afectan a la masticación, la respiración y la estética de la cara.

Esta intervención debe combinarse siempre con un tratamiento de ortodoncia pues, si los huesos de la cara tienen un tamaño y una posición desproporcionados, la ortodoncia por sí sola no es capaz de conseguir un resultado funcional y estético óptimo.

La planificación de esta intervención comienza con una ortodoncia de un año.

Posteriormente, tiene lugar la cirugía maxilofacial, de 4 horas de duración aproximadamente.

Tras un mes, en el que el paciente se recuperará, es necesario seguir con el tratamiento ortodóncico otros 2 años más.